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domingo, abril 26, 2015

La avara parca y tres escritores


 Eduardo Luna*

En los cuatro primeros meses del año tres escritores de fama internacional y gran talento partieron hacia el silencio y se quedaron inmortalizados en sus libros. El que más cercano sentimos, Eduardo Galeano, fué el único que no recibió el premio nobel, quizás por ser latinoamericano. Ya sabemos que la academia nobel trata a América latina y a la lengua española con desdén y desprecio. Estuve cerca de Galeano una vez que estuvo dictando una charla, en la cámara de comercio de Cali, en una gira por varias ciudades del país, acompañado por el profesor Orlando Fals Borda. Era tal el gentío, de muchachos universitarios especialmente, que no fue posible entrar al recinto. Con mis compañeros de Historia de Univalle queríamos escuchar al autor de LAS VENAS ABIERTAS DE AMERICA LATINA, libro sobre el cual discutíamos y nos deslumbraba entonces. El gran mérito del escritor uruguayo  radica en que nos hizo volver a sentirnos latinoamericanos y orgullosos de serlo. Era algo que no ocurría desde José Martí. Su libro MEMORIA DEL FUEGO es mi favorito. En él encontramos una propuesta de Historia diferente, más
humana y más real. No está contada desde los próceres, sino desde los tradicionalmente silenciados y excluidos hasta hace poco, los indígenas, los negros, las mujeres, los niños, los pobres, en fin, los más vulnerables. El otro gran ausente es el escritor alemán Gunter Grass, de quien  tengo las mejores referencias. Desde ya acaricio el lomo de su principal obra EL TAMBOR DE HOJALATA, cuya película no he querido ver hasta no adentrarme en el libro. Se de que trata y el tema me apasiona cuando habla de Oscar, el niño que se niega a crecer, en ese  ambiente en que se cernía sobre su país la presencia sombría de la dictadura nacionalsocialista. Y finalizamos con el primero en despedirse, el poeta sueco Thomas Trantromer, que alguna vez fue reseñado por mi compañero de plenilunio Carlos Gerardo Orjuela. Los dejo con un verso del gran bardo nórdico "el camino nunca tiene fin. El horizonte se apura hacia adelante. Los pájaros sacuden el árbol. El polvo se marea en torno a las ruedas. !todas las rodantes ruedas que contradicen a la muerte"

* Poeta. Integrante de la Fundación Plenilunio grupo de poesía y arte de Cali Colombia


sábado, agosto 09, 2014

Pequeñas letras y grandes recuerdos

La columna de Eduardo Luna*

Aunque agradezco,que durante el bachillerato tuve buenos profesores de español, justo es también reconocer, que además del medio familiar, tuve otros incentivos para amar la lectura y llegar a escribir cuento y poesía. 

Tuve unos motivadores y formadores de cultura general, aparentemente pequeños, a quienes debo tanto y a quienes quiero hacer un reconocimiento, en la certeza de que mi caso no es el único y que al identificarse con ellos, muchas personas se sientan compenetradas. En primer lugar a los libros de lectura de primaria, en lo particular fueron los textos de editorial Bedout y del Sembrador colombiano, donde aprendí de memoria los primeros versos y me conmovieron sus historias, que buscaban inculcar en nosotros, los niños de entonces, valores que nos hicieron mejores seres y donde admiramos personajes ilustres por obras de gran nobleza en favor de la humanidad.

 Otro de ellos fue la revista SELECCIONES, que independientemente de su ideología política, despertó en mí un gran amor por las frases célebres en sus famosas "citas", además allí empecé a aumentar y mejorar mi léxico en la sección "enriquezca su vocabulario"; me divertía enormemente con su inolvidable "la risa remedio infalible". 

Paso a mencionar otro de capital importancia, EL ALMANAQUE BRISTOL, ese cuadernillo con tapas de papel color ladrillo y que en sus páginas en blanco y negro se le hacía publicidad a productos como el tricófero de Barry y al agua florida de Murray Lanman; me encantaba verlo junto a los dulces navideños y seguía leyéndolo y releyéndolo durante todo el año; de allí me aprendí muchas fechas del santoral, lo mismo que sobre las fases de la luna; me gustaban los versos que traía, los temas y sobre todo la comedia de dibujos en varios actos a lo largo de sus páginas, era tan importante para mí, que llegué en algún momento a coleccionarlo y usar algunos de los productos que recomendaba.

 Finalmente están dos columnas que aparecían a diario en el periódico EL PAIS, junto a la sección de cómics; yo, antes que mirar al fantasma, a Lorenzo y Pepita, a Mandrake el mago, a Tarzán, a pancho y Ramona en educando a papá o a cualquier otro, miraba con avidez dos columnitas que recuerdo con cariño, una era AUNQUE USTED NO LO CREA, en la cual acompañados de unos dibujos hechos con trazos se contaban cosas increíbles y verdaderas y récords impresionantes, la otra era EN UN DÍA COMO ESTE, en la cual se contaban los hechos históricos ocurridos en la misma fecha através de los tiempos; desde antes de llegar a la casa de mis tías, donde compraban la prensa toda la semana, empezaba a experimentar contento por leerlas y a sentir mariposas en el estómago. 

Esto hoy puede parecer un absurdo y una tonta trivialidad, frente al impresionante desarrollo del Internet, cuando éste no era ni siquiera imaginable, pero era con lo que contábamos y el momento que vivíamos. 

Gracias a la lectura de éstos pequeños textos, que han hecho parte de la vida de tantas personas, me he adentrado por el camino de la palabra leída y escrita y más allá de cualquier tonta vanidad intelectual, vuelvo mis ojos atrás, con eterna gratitud y con inmenso cariño EDUARDO LUNA.


* Eduardo Luna es poeta, vive en Cali.


domingo, julio 13, 2014

De la conquista y la colonia: dichos y libros

De Eduardo Luna *






Desde niño me ha llamado la atención, el significado y orígen de las palabras. Algunas de ellas y ciertas expresiones en particular, despertaban mi curiosidad; con el pasar de los años y mi formación, entendí, que una buena parte de ellas, reflejaban, prejuicios económicos y raciales, que al investigar un poco, se remontaban, siglos atrás, al período colonial. La España de aquellos tiempos, era una sociedad fuertemente intolerante, que había expulsado a los judíos y destruido casi todo el legado cultural moro, por razones de fanatismo religioso y étnico; con la conquista y colonización de América, se formó una sociedad, rígidamente estratificada, donde imperaban la esclavitud, los prejuicios sobre el color de piel, la idea de la limpieza de sangre y donde aún para los españoles pobres, era casi imposible el ascenso social; todo ésto paralelo al mestizaje, donde los "hijos naturales" del hombre blanco, con india o con negra eran repudiados y cubiertos de deshonor. Lo curioso es que ésta comunidad,  que demostraba, tan poco amor al prójimo, excluyente, intolerante y clasista, se decía cristiana. De allí provienen, muchas de las palabras y expresiones que aún, después de tanto tiempo usamos; por ejemplo, cuando nos referimos a una persona, que pertenece a una familia tradicionalmente adinerada, decimos, es que es "de buena familia", así no se distinga por sus virtudes;  algo similar ocurre con otras, como vergajo, que hace referencia, al miembro del toro, cortado y seco, utilizado, para recubrir los látigos, con que se azotaba a los esclavos fugitivos o desobedientes; la palabra se volvió sinónima de díscolo y travieso y terminó aplicándose, por parte padres y maestros a los chicos indisciplinados o a los adultos pícaros y poco juiciosos. Todavía se utilizan términos y expresiones, que no plasmo aquí, por respeto a nuestros compatriotas indígenas y afrodescendientes, pero que un sociólogo o antropólogo, si podría presentar, como listado, para demostrar que lamentablemente, muchas personas, aún sin saberlo, siguen empleándolas, como reflejo  de prejuicios, raciales y económicos que subsisten en forma velada. El tema de la conquista y la colonia ha sido abordado por grandes escritores latinoamericanos; entre ellos tenemos: "Leyendas de Guatemala", del escritor y premio nobel guatemalteco Miguel Angel Asturias, "Tradiciones peruanas", del ilustre peruano Don Ricardo Palma, en Colombia tenemos las novelas de Próspero Morales Pradilla, "Los pecados de Inés de Hinojosa" y "La mujer doble", ambas llevadas a la televisión y la trilogía de novelas de Willam Ospina, "Ursua", "El país de la canela" y "La serpiente sin ojos". En Chile encontramos la magistral novela de la gran escritora Isabel Allende, "Inés del alma mía", sobre la vida de un interesante personaje femenino, real, Inés Suarez, amante del conquistador Pedro de Valdivia, quien a pesar del carácter negativo que pueda representar, se distinguió, por su valor e inteligencia, en un mundo dominado por los hombres; es una novela fuerte, pero donde el amor, como protagonista, la llena de belleza. Reconozco que aún me falta por leer "La serpiente sin ojos" y que no he leído las novelas del venezolano Arturo Uslar Pietri sobre el tema, pero las demás las recomiendo como textos literarios de gran valor, que nos permiten imaginar y entender, de donde venimos como pueblo latinoamericano, ya que no tenemos muy claro para donde vamos.

* Poeta. Integrante de la Fundación Plenilunio grupo de poesía y arte de Cali Colombia

domingo, julio 06, 2014

¿La poesía como cenicienta?

Eduardo Luna*

En una entrevista le preguntaban al escritor Julio César Londoño, quien es cuentista, no poeta, ni novelista, al menos hasta ahora, que habla de un sonado proyecto suyo, de escribir por fin una novela, a lo que respondió, que pues si, que en esas estaba, pues era la única forma de poder vivir económicamente de escribir. En alguna ocasión, otro columnista de EL PAÍS, el poeta caleño Jotamario Arbeláez, decía que sus finanzas no iban muy bien, por que ganaba como poeta y gastaba como novelista.

 Cito estos dos ejemplos, pero podría traer a colación, otros más, que demuestran, como, lamentablemente, a juicio de los críticos literarios y de la academia en general, excepto la especializada en poesía, ésta es mirada como un género menor frente a la narrativa y no solo desde el punto de vista económico y de público. Algunos incluso dicen con desdén, que todos hemos empezado escribiendo poemas. 

Si hacemos un rápido repaso a los premios nóbel de literatura, son muy pocos los ganadores, que sean solamente poetas; que recuerde, Neruda, Gabriela Mistral, Wislawa Zimborska, Aleixandre y creo que no más; casi todos, a los que se ha galardonado, son narradores. Por supuesto que hay un gran número de escritores que son narradores, es decir cuentistas y novelistas, pero también son poetas, pero pareciera, que pesara más su obra en prosa, con algunas excepciones  notables, como los no ganadores Borges y  Bennedetti, excelentes en prosa y verso y reconocidos ampliamente por ambas cosas. 

Se da más abundantemente el caso, de los que son poetas y cuentistas a la vez, aunque un número considerable de poetas ha escrito una novela, casi siempre la única, por ejemplo José  Asunción Silva con "De sobre mesa" el cual en un naufragio perdió tambien sus "cuentos negros", Carlos Castro Saavedra y la suya, titulada "Adán ceniza"; tambien entre los casos más cercanos, por solo citar autores nacionales, tenemos a Piedad Bonnet y  Juan Manuel Roca; entre los latinoamericanos está el caso de el peruano César Vallejo con "Tungsteno" . 

Igualmente, no es de extrañar, que escritores, mundialmente famosos por su narrativa, también hayan escrito poemas, como Herman Hesse y Ernest Hemingway, o en tiempos más recientes Paul Auster. Lo detestable de algunos escritores, que no  saben nada de versos, es que consideren que es muy fácil ésta labor y  pontifiquen, sobre lo que consideran  buena o mala poesía, según su gusto descalificador o su ideología  política. 

* Poeta. Integrante de la Fundación Plenilunio grupo de poesía y arte de Cali Colombia


viernes, junio 20, 2014

La libertad del escritor


Eduardo Luna

Eduardo Luna *

         Asumirse como escritor es un reto, frente a la hoja en blanco y frente a la vida misma. Es un goce, porque es pasión, pero también un sacrificio, que se paga con incomprensiones y  hasta con días de aridez y soledad. Como toda vocación, exige entrega, disciplina y amor por lo que se hace. Es también una gran responsabilidad, ante el lector y ante sí mismo. Lo mejor que puede lograr un autor, es la construcción de un universo propio y hasta un lenguaje, que le sea característico.

Todo lo dicho implica riesgos, pero el mayor de todos es la libertad. Por ello, un escritor no debería escribir para halagar, ni a un poder, ni a una ideología, en el sentido partidista; su mayor compromiso es con la vida y con el hombre; No debe ser amordazado por la censura, pero tampoco debe esgrimir su palabra de manera irresponsable. Las dictaduras de derecha o de izquierda, le son necesariamente ignominiosas.
                Existe otro gran riesgo que lo amenaza actualmente: los encasillamientos y los rótulos, sobre cómo se debe escribir. En nuestro mundo globalizado, hasta la literatura ha sido sometida a los rígidos formatos, que pretenden imponer cómo se escribe, sin tener en cuenta la diversidad de saberes, tradiciones literarias y culturas; hasta en eso sigue predominando la pauta anglosajona y el eurocentrismo. Nadie niega la admirable literatura de origen anglosajón; muchos de sus textos son piezas magistrales de narrativa, pero no se les puede imponer a los escritores latinoamericanos, o del tercer mundo en general, éste mismo patrón. Hoy se pretende que todos los escritores en lengua española, escribamos de ésa manera fría, impersonal, poco pasional: contar de la  misma forma que se describe el funcionamiento técnico de una nevera, como si un adorno o una reflexión personal, le restara mérito y calidad. Lo mismo pasa con la poesía, seca, ambigua y sin emoción, que se pretende imponer, desde lo más antipoético, que son las academias.

          Afortunadamente, todo éstos dogmas se empiezan a poner en duda; dos ejemplos dicientes: primero, en la entrevista que le hizo la revista semana a Coetze, éste cuestiona a quienes ven de mal gusto filosofar desde la novela y se inclina por hacerlo, lo mismo que jugar con las fronteras de los géneros literarios. El otro, el del poeta y escritor  Eduardo Escobar, que en una entrevista confiesa que la revista El malpensante, le devolvió un cuento sin publicar, porque le parecía muy adornado, a lo que el autor antioqueño responde, que se les olvida que somos latinos y por ende, barrocos. Bueno, como ya se llenó la hoja en blanco, preguntémonos qué sigue.

* Poeta. Integrante de la Fundación Plenilunio grupo de poesía y arte de Cali Colombia